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Deseamos que llegue el verano para disfrutar de los días de sol pero, con él, aparecen en el jardín esas plagas que pueden estropearnos el trabajo que hemos llevado a cabo durante los meses de primavera. Unas incómodas compañeras que, con el aumento de las temperaturas y el despertar de la naturaleza, encuentran el momento ideal para venir a visitarnos.

Y, lejos de ser simplemente incómodos visitantes, las plagas de verano del jardín son algo que erradicar desde el principio si no queremos ver cómo arruinan nuestras plantas en un tiempo récord. Porque si algo tienen no es solo que su gran capacidad reproductora sino además, una voracidad capaz de arrasar con nuestras plantas en un abrir y cerrar de ojos.

De esta manera, no hay nada mejor que saber cuáles son las plagas de verano más habituales que podemos encontrar entre nuestras plantas y, lo que es más importante: cómo erradicarlas.


1. Pulgón

El pulgón es un auténtico clásico de los jardines veraniegos. Estos insectos son auténticos glotones de la savia y están presentes especialmente en las plantas con flor y arbustos florales, como los rosales. Son sencillos de reconocer: se trata de diminutos insectos de color oscuro que encontraremos siempre en el reverso de las hojas. Por el bien de nuestras plantas, es necesario erradicarlos tan pronto como los detectemos.

Uno de los principales problemas del pulgón, además de que son colonias enormes, es que sus efectos negativos sobre nuestras plantas son más que rápidos: la planta comienza perdiendo su verdor habitual, y en poco tiempo comienza a deformarse hasta que muere.


2. Hormigas

Aunque las hormigas pueden parecer inofensivas y sus efectos directos sobre nuestras plantas son inexistentes, es interesante saber que son ellas precisamente quienes facilitan la proliferación del pulgón (ejercen de protectoras de esta plaga). Es una razón de peso para erradicarlas si queremos prevenir que, de su mano, tengamos una plaga voraz en nuestras plantas.


3. Cochinilla

La cochinilla es otro de los grandes enemigos de nuestras plantas, si bien no llega a ser tan agresiva como son los pulgones. Tanto la cochinilla blanda como la dura se dan a la perfección en climas secos y calurosos, aunque también podemos sufrirlas en interiores durante el otoño y el invierno en climas secos aún habiendo frío.


Al igual que el pulgón, succionan la salvia hasta deformar la planta y matar los brotes nuevos a los que roban la energía y no llegan a crecer correctamente. Para erradicar la cochinilla, lo ideal es optar por un insecticida polivalente que, además, ampliará el espectro de plagas que eliminar. La planta será el canal para administrarle a esta plaga el producto y, en poco tiempo, la veremos desaparecer por completo.


4. Taladro del geranio

Uno de los dolores de cabeza de los amantes de este tipo de plantas con flor. Esta plaga aparece en forma de mariposa que revolotea alrededor de nuestras plantas y que, aparentemente, es absolutamente inofensiva. Sin embargo, la realidad es que es en ellas donde pone sus huevos y estas larvas, una vez eclosionan, son auténticas devoradoras del geranio. De hecho, pueden llegar a matarlos, ya que se introducen dentro de los tallos de las plantas para debilitarlas desde dentro.


Dado lo singular de esta plaga (no atacará ninguna otra de nuestras plantas) y su invasión silenciosa, lo ideal es tratarlo con un producto específico que nos permita no solo erradicarlas lo antes posible sino, sobre todo, prevenir su incubación en nuestros geranios.


5. Caracoles y babosas

Son un auténtico dolor de cabeza para los amantes del huerto. Son precisamente las plantas hortícolas el oscuro objeto del deseo de este par de visitantes y su paso por la planta puede resultar tóxico (más allá de lo que coman de ella), es importante contar con un producto antilimacos que nos ayude a frenar su presencia y poder disfrutar de nuestros cultivos con tranquilidad.


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Fuente: https://verdecora.es



La jardinería está repleta de métodos interesantes para tratar y prevenir enfermedades. Pese a que verter agua caliente en las plantas parece algo inusual, en realidad puede ser muy efectivo cuando se aplica adecuadamente.


Seguramente hayas oído sobre la existencia de muchos remedios caseros que son un tanto extraños para combatir plagas y enfermedades de las plantas, pero regar las plantas con agua caliente es algo que sí funciona en ciertas plagas. A diferencia de los remedios caseros o los químicos, verter agua caliente en las plantas puede ser seguro para ellas, para el jardinero (siempre que tome sus recaudos para no quemarse) y para el medio ambiente.

No obstante, si agregas agua muy caliente en las plantas terminarás matándolas, por lo que solo el uso de agua hirviendo es apto para matar y controlar las malezas y las plantas no deseadas.


Por su parte, el uso de agua caliente te ayudará a eliminar algunas plagas como los pulgones, los ácaros y las cochinillas y muchos patógenos bacterianos y fúngicos. Para que con este método las plantas no mueran es fundamental que la temperatura ronde entre los 48 ºC y 50 ºC. Muchas plantas no toleran el agua caliente en sus hojas, por lo que debes aplicarla solamente en la zona de la raíz. En caso de enfermedades o plagas que afecten a la raíz, puedes quitar el cepellón y sumergirlo durante cinco a veinte minutos a 50 ºC hasta que el agua llegue a los 46 ºC.

Mientras tomes todos estos recaudos y protejas las flores y las hojas del calor, el riego con agua caliente no será perjudicial para las plantas. De hecho, es mucho mejor que regarlas con agua extremadamente fría.


Fuente: https://www.guiadejardineria.com



El exceso de riego es una práctica que puede ser común tanto en huertos y jardines como en plantas de interior, de terrazas y patios. El exceso de agua puede ocasionar desde daños leves y pasajeros hasta daños muy graves que terminen con la pudrición de las raíces de las plantas y finalmente con éstas.

Si cuando regamos lo hacemos de forma excesiva aportando demasiada agua o regamos con demasiada frecuencia, las raíces de las plantas pueden terminar ahogándose porque el agua acumulada les impide absorber el oxígeno y los nutrientes a través de las raíces.

Para saber si la tierra o sustrato tiene suficiente humedad y necesita ser regada o no, podemos utilizar diferentes métodos, desde usar un medidor de humedad a métodos más caseros y básicos como introducir un lápiz en la tierra: si sale limpio la tierra está seca, si el lápiz sale con tierra pegada, todavía hay humedad en el sustrato.

Otro detalle en el que nos tenemos que finar es que las macetas o el suelo de cultivo tengan buen drenaje que permita expulsar convenientemente el exceso de agua cuando se riegan.

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Síntomas en las plantas del exceso de riego

– La planta está marchita y débil, no presenta signos de vitalidad. Esto sucede porque es incapaz de absorber los nutrientes y el oxígeno de la tierra.

– No crecen nuevos brotes.

– Las hojas que se encuentran en la parte inferior de la planta, la más cercana a la tierra, se vuelven amarillas y en ocasiones también se caen si el exceso de agua persiste.

– Aparición de hongos y/o algas en la tierra que está alrededor del tallo.

– Podredumbre del tallo.

– Caída de las flores

– Las plantas no mantienen el desarrollo que deberían, su crecimiento se estanca y se quedan más pequeñas.

– Las hojas más jóvenes se vuelven marrones, posteriormente les seguirán las hojas más maduras.

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Cómo solucionar los daños en plantas por exceso de riego

Como primera medida, no regaremos en los siguientes días.

Si se trata de una planta en maceta o mesa de cultivo lo tenemos más fácil, podemos sacarla y dejarla al aire libre, preferentemente en una zona bien aireada, para que se vaya secando poco a poco.

Mejora el drenaje de las plantas cultivadas en macetas o containers añadiendo piedras medianas y después una fina capa de arena. Después añade la tierra.

Si se trata de una planta o arbusto cultivada directamente en la tierra podemos airearla un poco para favorecer la circulación del aire y que éste ayude a evaporar el agua más rápido.

Es preferible regar de menos que excedernos con el agua.

La próxima vez que tengas que regar no te fijes sólo en si la superficie del sustrato está seca o húmeda, comprueba con el dedo o un lápiz si a unos 6 ó 7 cm de profundidad también lo está.


Fuente: https://www.ecoagricultor.com